La verdad.

La verdad, con su complejidad siempre en tránsito lento y fatigoso (si se quiere ser fiel a la verdad). La mentira, como una bala directa al corazón (más que al cerebro), penetrando todo tan rápido, viajando tan lejos, a la velocidad de la sombra, dando siempre en el blanco, simple y eficaz, nacida para ser creída. La verdad, llena de aristas, incómoda, difícil de manejar, siempre trayendo otro problema más, más hondo, más amplio, una verdad embarrada, siempre impura, la verdad. La mentira haciéndose la víctima, en su claro falso esplendor, diáfana, obvia, indiscutible. Lo contrario de la verdad es otra verdad, lo contrario de la mentira es también otra verdad ¿cómo distinguirlas? La verdad con su elegancia decadente y algún roto en los calcetines, la mentira siempre a la moda, inmaculada, tan bien afeitada. La verdad como un cacharro roto y mil veces reparado, aún útil, quizá más por el recuerdo, por añoranza, por nostalgia de cuando era una verdad más nueva, joven, ilusionada, tan capaz. La mentira como una llave inglesa, puro acero que se adapta a todo, que todo lo aprieta o lo afloja y que, a fin de cuentas, no arregla nada. La verdad con los pies en la tierra y las manos en la faena, la mentira paseando, de domingo, al salir de Misa, del museo, del bar de tapas trufadas de falsas trufas. La verdad inestable, frágil, quebradiza, apoyándose en todos para poder salir adelante un día más, con suerte. La mentira adelantándote con su agenda repleta de compromisos, en su BMW, este sí, ecológico, sostenible, sólido y eterno, garantizado. La verdad de la letra pequeña, la verdad después del asterisco, de las notas al pie o en los márgenes, la verdad entre paréntesis. La mentira del tópico en mayúsculas, mil veces repetido, con su rima sencilla y su idioma fácil de traducir. La verdad de la frase subrayada y después tachada. La mentira del algoritmo. La verdad, justo antes de dormirte, si es que puedes. La mentira, en la sobremesa, en la tertulia, en el periódico, edición nacional. La verdad humana de los héroes trágicos, la divina mentira que Dios guarde muchos años. La verdad de la ficción, la mentira de los tratados. La mentira de que, al final, triunfará la verdad. Aunque no estaremos allí para verlo, de verdad.

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