Diario de cuar&tena (6)

22/03/20.

Es domingo pero da absolutamente igual. El domingo es ya como cualquier otro día. Un día encerrado en sí mismo, un día sin más pero con demasiado, días atascados. Estudio un rato, leo periódicos, veo vídeos y escucho conciertos virtuales. Los músicos, los poetas, desde casa, todos varados en esta especie de falso mar de la tranquilidad. De todo lo que leo, como siempre, solo quedan algunos fragmentos, recortes (electrónicos): “La humanidad es hoy un único continente”. “Que, ante este drama, nos quede cierto carácter”. La mejor: “Se necesita al menos un terremoto para dispensar a un funcionario de no de ir a su trabajo”. Yo soy ese funcionario, al menos de momento.

“Quien solo piensa en él, no piensa en nada”, dice, después (o quizá fuera antes), Benjamín Prado. Lo apunto aquí porque estoy a punto de dejarme atrás o a la deriva de mí mismo, no sé bien. Lo apunto por si me salva la tarde.

Navego así, a la deriva, por una red congestionada y me acuerdo de aquellos primeros tiempos de Facebook y sus fotos llenas de gintonics y hamacas y sus “Aquí, sufriendo”. Ahora todo es más como: “Aquí, viviendo al borde de nuestro margen de error” y fotos de gente con mascarillas.

Dejo aparcadas las noticias (en bucle) y las canciones (que suenan todas, esta tarde, demasiado parecidas). Toca seguir haciendo nuestro precioso trabajo sucio. Nadie nos pide otra cosa.

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