#elurbanauta6_enlacomarca

Salgo a correr por el monte. [Los lectoespectadores disfrutan de unas cuidadas y muy HD imágenes subjetivas de #elurbanauta gracias a la action-camera ajustada a su frente.]

Subo por el Valle Perdido, llego a las Tierras Rojas y, desde ahí, a la senda de las Columnas. Con esos nombres, L.A. es como La Comarca de El Señor de Los Anillos, pienso. Mis pies quizá pronto se ensancharán y les crecerá pelo, hobbit style. Entre las Tierras Rojas y el desvío a la Senda de los Veteranos hay una pista forestal que acaba en el Puerto de la Cadena –en serio, ¿Tolkien era murciano?– donde pasa poca gente, incluso los días festivos. El cielo, esta mañana fría, es de un azul intenso, azul-anuncio-de-seguros-de-salud-privado, diría.

A mitad de la senda, llevo ya 10 km de carrera, me siento bien, abro los brazos y sé que estoy vivo. Momento “corro luego existo”, diría Descartes si hubiera sido runner pero solo era geómetra analítico que era lo que se llevaba entonces. Justo en ese momento, después de una curva, me cruzo –sorpresa, no estás solo ni en la Tierra Media– con una pareja de chicas que van perfectamente vestidas y calzadas, podrían ir así por la ciudad, tacones y bolso, gafas de sol de espejo, abrigo tres cuartos abierto. Así, a 10 km del bar / merendero de chuletas asadas más cercano. Sonríen al verme correr con los brazos abiertos, modo avión, vestido con gorro de forro polar negro y mallas del mismo color, las mallas de correr-cuando-hace-mucho-mucho-frío de Decathlon. Supongo que el conjunto me da un aspecto entre un Spiderman anoréxico y oscuro o un Batman sin nada de tórax (pero, al menos, sin máscara ni orejitas). No sé que hacer con los brazos abiertos bajo el azul eléctrico del cielo-etc. mientras las chicas me miran (lo sé, sé que me miran a pesar de las gafas de espejo –azul-etc. también–).

¿Sigo haciendo el avión? ¿Los bajo y subo imitando el vuelo de una rapaz vestida de lycra? Decido bajarlos y disimular (demasiado tarde) y me encuentro corriendo pero con los brazos rígidos, en una especie de extraño paso militar/legionario. Me doy cuenta que voy oyendo algo de The War On Drugs y tanto rever y ecos me están mareando. Tropiezo. Caigo con poca elegancia y cierto estrépito. Las chicas se llevan la mano a la boca y tapan su cara perfectamente maquillada. Han debido gritar algo pero no las oigo (sigo con The War On Drugs en los oídos, les recuerdo; otros detalles relevantes: auriculares Sennheiser, función megabass, loudness on, etc). Me levanto como ágilmente pero no cuela, claro. Sacudo algo la tierra que queda sobre la lycra negra. Ahora parezco más un soldado en misión secreta, con trazos de tierra y hojas-camuflaje, sobre un lecho de ridículo. Las chicas ríen y mueven la boca (dicen cosas). Leo sus labios. ¿Está usted bien?. Dicen “usted” aunque no las oigo.

Sé que estoy vivo.

Y viejo.

¿Llevan los orcos gafas de espejo?

Bajo por la Senda de las Columnas a una velocidad que no creeríais.

Despido la conexión.

GoPro patrocina #elurbanauta. O quizá ya no.

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