Despropósitos para el año nuevo (2026)

Dejar de ver las noticias hasta que decidan mejorarlas.

Recoger firmas para que no sea necesario recoger firmas continuamente.

Votar a políticos ya corrompidos que hayan comprendido la estupidez de corromperse.

Construir un legado efímero.

No ser, ahora mismo, contemporáneo.

Buscar un exitosísimo anonimato.

Dar ejemplo. Recibir ejemplo. Definir ejemplo.

Hablar de Lo Absoluto como si nada.

Cerrar círculos, afilar triángulos, suavizar Pentágonos.

Que mis selfies se los haga otro, a ver si así salgo favorecido en las fotos.

Pensar más con las manos. Acariciar más con el cerebro.

Cada cierto tiempo, devenir fiebre, desnortado. Tener paracetamol a mano.

Comportarme tan amablemente que parezca sospechoso.

Huir de las actitudes evitativas.

Construir un santuario para velar los éxitos que no lo fueron.

Hacer un monumento al granado y una estatua de la lluvia.

Participar en una orgía de abstinencia y buenos modales.

Leer el Quijote, por fin, y quedarme más Sancho que largo.

Fluir, como siempre, sin parar de tropezar.

Fundarnos —mejor que fundirnos— en un abrazo.

Parar la guerra, que ya cansa tanto matar por todo y para nada.

Burlar el futuro o, al menos, sacarle la lengua (y que no me vea).

Condenar enérgicamente y de la forma más contundente las hipérboles. Para siempre.

Apuntarme a un curso de comprensión lectora de subtextos.

Coordinar el caos, que está hecho un desastre.

Aceptar la complejidad de las cosas, así de sencillo.

Fundar el Museo de los #despropositos. Con tienda de regalos, a la salida.

Vivir otro año para no desperdiciar tanto almanaque.

Vivir otro año, como de costumbre.

Vivir otro año, que no sabemos hacer otra cosa.

Vivir otro año, que aún queda cuerda —o loca— para rato.