Despropósitos para el Año Nuevo. 2025

Intentar ser elegante (o hacer algo por el estilo).  

Aprender a contar(me) y fingir saber fingir.

Adoptar un permanente tono impreciso de ironía solemne, de alegría melancólica, un spleen2.0

Estar presente en el futuro. Envejecer a un ritmo sostenible. 

Que el presente no se me escape tanto, todo el tiempo.

Confrontar de forma lateral, como esquivando.

Ser radicalmente equidistante del punto medio.

Orientarme siempre según coordenadas imaginarias. Perder ese otro norte, tan fascista.

Ser un aristócrata de la precariedad.

Infringir la ley. De la oferta y la demanda. Del más fuerte. Del talión. De Murphy. Quizá otras.

Atesorar pérdidas y sacarles brillo, como a la plata de la familia.

Interpretar anocheceres y hacer exégesis del ocaso; predicar otoños, blandir primaveras.

Reflexionar sobre la sentadilla búlgara: origen, evolución, necesidad, variantes, etc. 

Diseñar nacionalismos radicalmente cosmopolitas. 

Estudiar las dinámicas de la pereza.

Ser un caso perdido muy fácil de encontrar.

Hacer muchas más veces mucho menos.

Leer en estado de excepción, como recomienda #piglia 

Ser agudo (e implacable) como —probablemente— leyó y —seguro— escribió #JoanDidion

Descubrir dónde van los diccionarios al morir.

Cambiar la eternidad por otra mañana más.

Admirar a cambio de nada.

Darme cuenta de las cosas, sin perder la cuenta, a su debido tiempo.

Hacer de mi incompetencia una ventaja competitiva.

Desarrollar un futuro carente de imprevistos. Prever que la suerte se encargue de los imprevistos, por si acaso.

Formar un ejército de desertores para ayudar a los países en guerra.

Alcanzar (acercarme a) la elegancia sencilla y útil del carpintero. 

Usar (mucho más) la expresión “no sé qué decirte”.

Ser sensatamente paranoico.

Aprender; a utilizar el punto y coma, entre otras cosas.

Bucear por los subtextos, a pulmón.

Darme, de vez en cuando, una paliza a descansar que me deje baldado.

Ordenar la casa más frecuentemente para que todo acabe otra vez irremediablemente perdido. 

Encontrar el remedio a tanto remedio.

Hacer un balance desequilibrado de lo queda de uno.

Hacer, de todo, preámbulo. También de esto.

Callar ya, que no se diga.